EVOLUCIÓN DE LAS CONSOLAS DE XBOX
Xbox ya no es una videoconsola, es otra cosa. Mejor dicho: es
mucho más que hardware y componentes presentados en una caja. O al menos así es
como Phil Spencer, el máximo responsable de la división de videojuegos de
Microsoft, entiende la marca. Y lo más interesante es cómo hemos llegado a este
punto.
Siendo justos, los motivos que tiene Spencer para concebir
Xbox como algo más que un sistema de sobremesas están muy bien fundados: en
vísperas de un doble lanzamiento de consolas de nueva generación, el enfoque
actual ya no gira en torno al hardware, sino a cómo accedemos al software.
Dicho de otro modo, Microsoft inicia la novena generación de
consolas con mucho más que dos nuevos sistemas de sobremesa: desde hace casi un
lustro ha ido alineando un plan mayor en el que su legado jugable de anteriores
sistemas, su posición privilegiada en PC y su experiencia en el sector de los
servicios marcarán la diferencia.
Y, claro, la astronómica inversión en desplegar sus estudios
propios a base de reencuentros muy deseados, potentes adquisiciones y fichajes
estrella hará el resto.
¿La largamente vaticinada transición de las consolas físicas
a una suerte de Netflix de los videojuegos? En absoluto: Microsoft golpea con
fuerza demoledora en cuestión de hardware con Xbox Series X, el sistema más
potente creado hasta la fecha y, a la vez, Xbox Series S, una alternativa a
precio irresistible que moverá los mismos juegos (aunque no lucirán igual,
claro).
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